El exalumno de Ingeniería Civil Industrial USM y su socio, también sansano, transformaron una pequeña dark kitchen en Raffaella, reconocida como la segunda mejor pizzería de Chile y la número 11 de Latinoamérica.
Cuando Javier Lizama ingresó a estudiar Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Técnica Federico Santa María probablemente no imaginaba que años más tarde lideraría una de las pizzerías más reconocidas de Latinoamérica. Sin embargo, su historia demuestra que las herramientas de la ingeniería pueden trascender industrias y convertirse en la base para construir proyectos innovadores y exitosos.
Tras desempeñarse profesionalmente en áreas vinculadas al marketing y participar en el programa MasterChef, Javier comenzó a acercarse cada vez más al mundo gastronómico, particularmente a la cocina italiana y a la pizza napolitana. Fue entonces cuando, junto a Javier Gómez —también sansano— decidieron apostar por una propuesta diferente. “El salto al emprendimiento nació de una mezcla entre pasión, oportunidad y ganas de construir algo propio. Vimos que había espacio para desarrollar una propuesta gastronómica auténtica, con mucha calidad de producto, identidad y experiencia”, comenta.
Los primeros años estuvieron marcados por el trabajo operativo y el aprendizaje constante. “Partimos de manera muy pequeña, con recursos limitados, mucho trabajo operativo y reinvirtiendo prácticamente todo. Al principio uno hace de todo: cocina, compra, produce, resuelve problemas y aprende sobre la marcha”. Sin embargo, desde el inicio tuvieron una visión clara: construir una marca sólida y sostenible en el tiempo. Hoy, ese esfuerzo se traduce en un importante reconocimiento internacional. “Ver que Raffaella ha sido reconocida como la pizzería número 11 de Latinoamérica es una validación muy bonita, pero también una consecuencia de mucho trabajo silencioso, constancia y aprendizaje diario”.
Para Javier, gran parte de las herramientas que han permitido el crecimiento de Raffaella tienen su origen en la formación recibida en la USM. “La formación sansana te enseña a ser riguroso, a resolver problemas complejos, a analizar datos, a entender procesos y a tomar decisiones bajo presión”. A su juicio, estas competencias han sido fundamentales para enfrentar los desafíos de una empresa en crecimiento. “La ingeniería me ayudó mucho a mirar Raffaella no solo desde lo gastronómico, sino también como una empresa que debe ser eficiente, sustentable y escalable en el largo plazo”.
El crecimiento del proyecto ha sido exponencial: desde vender apenas cinco pizzas al día en una dark kitchen hasta atender a más de mil personas por semana y liderar un equipo de más de treinta colaboradores. En ese proceso, Javier aprendió que la pasión debe ir acompañada de gestión y liderazgo. “El talento y la pasión son muy importantes, pero no son suficientes. Para crecer se necesita orden, procesos, liderazgo, cultura y mucha consistencia”. Además, destaca la importancia de la adaptación permanente y la mejora continua como factores clave para consolidar un emprendimiento.
De cara a las nuevas generaciones de sansanos y sansanas, Javier entrega un mensaje claro: no limitarse por la carrera o la industria para la cual fueron formados. “La ingeniería no te encierra en un camino; al contrario, te entrega herramientas para desenvolverte en muchos mundos distintos”. Asimismo, invita a quienes quieran emprender a hacerlo con disciplina y preparación. “No esperen a tener todo perfecto para comenzar. Nosotros partimos con miedo, con dudas y con muchos desafíos, pero con una convicción muy grande. Y si uno combina pasión con método, visión con trabajo duro y creatividad con orden, se pueden crear proyectos muy potentes incluso en industrias distintas a las que uno imaginó cuando estaba en la universidad”.